Es muy común escuchar hoy en día: “Declaro en el nombre de Jesús que no tengo cáncer,” “Declaro en nombre de Jesús que este año Dios me dará un nuevo trabajo” y el cáncer continua avanzando y el esperado trabajo resulta en desempleo. La acción de esperar cambios en situaciones adversas, invocando el nombre de Jesús sin que nada pase, tiene mucho que ver con nuestro concepto del evangelio y como lo entendemos.
El Evangelio en Jesús.
El evangelio nos declara acerca de una persona la cual es Jesús, nos declara que Dios se revelo en Jesús, y nos declara lo que Dios está haciendo por nosotros en Jesús. Esa fue la declaración de las escrituras, la de Jesús mismo, la de los Apóstoles, y debe de ser la todo Cristiano(a) hoy en día.
Desde un principio el Antiguo Testamento nos revela que llegara la hora en que Dios se va revelara en una persona, llamada el Mesías, el Enviado, Sumo Sacerdote, Profeta, Príncipe de Paz, Admirable, el Siervo Sufrido, y que este sería Rey sobre toda la tierra y su imperio no tendrá fin!!! El momento tan esperado por un pueblo sometido por fin llego! Su arribo es proclamado por María Lucas 1:46-45, Zacarías Lucas 1:67-69, Juan el Bautista Lucas 3:1-18.
Luego Jesús conecto su misión y su predicación con el Reino esperado diciendo “El tiempo se ha cumplido, y el Reino de Dios se ha acercado” Marcos 1:15. Jesús, identifica su persona con la presencia del Reino “Pero si yo por el Espíritu de Dios hecho fuera demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el Reino de Dios” Mateo 12:28. Jesús declara los que componen la nueva sociedad del Reino “los pobres, los quebrantados de corazón, los cautivos, los ciegos, los cojos…” Lucas 4:18-19. Jesús también especifico el carácter de los ciudadanos del Reino “los pobres, mansos, misericordiosos, pacificadores…” Mateo 5:3-2. También asevero que el Reino de Dios no tiene nada que ver con Herodes, o el Cesar, etc.
La Paradoja.
Israel esperaba a su poderoso Rey y su Reino tal a cómo millones de personas latinoamericanas anhelaron la caída opresora de las dictaduras. Aquellas revoluciones prometieron una tierra que fluye leche y miel, trabajo, casa, en fin, una vida de esplendor y progreso. Pero aquellos sueños fueron transformados en guerra, muerte, hambre, desnudez, corrupción, desintegración familiar, y finalmente el exilio de millones que buscaron en otras tierras el fin de sus tribulaciones. Este escenario es el mismo que vivieron los judíos! El Rey fue crucificado, los Judíos fueron perseguidos a muerte, todos terminaron en el exilio—la así llamada diáspora—70 años después de la llegada del ansiado Mesías Israel dejo de existir como nación.
¿Qué paso? ¿Para qué querían un Mesías que los llevaría al exilio? ¿Cuál sería la ganancia? ¡Una vez que el pueblo judío dejo de existir no tiene sentido la llegada de un Mesías dado que Israel dejo de ser! ¿Paradójico no lo crees? Suena parecido como aquellas declaraciones que hacemos en el nombre de Jesús pero lo que percibimos es una realidad diferente a la esperada!
El sentido del evangelio.
Simplemente, Dios no está actuando por allí! El Mesias venia para las naciones del mundo no solo para Israel. La realidad de Jesús se concretiza en un pueblo llamado Cristianismo y numeroso como la arena del mar! Jesús representa un plan de Dios y no un plan nacionalista. Esta paradoja vivida por el pueblo Judío debería jugar un rol importantísimo en el conocimiento de los propósitos de Dios en Jesús. Sin embargo, nosotros los cristianos nos encasillamos en nuestra forma de pensar y queremos que Jesús entre en nuestro cajón mental, y andamos declarando que se cambien las situaciones adversas en el nombre de Jesús, sin conocer la voluntad de Dios.
La falta de conocimiento de Jesús es causa de resignación, desesperación, desasosiego, de un sin sabor que nos hace sentir poco bendecidos. Dios no quiere eso. Nosotros por estar enfocado en nuestro universo mental no entendemos a Dios. ¡Muchas cosas pueden constituir nuestro universo mental! Una mujer puede buscar su realización personal—“su mundo”—en un esposo. Jesús dijo a la mujer Samaritana: “…cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido.” ¡La mujer que iba por su posible sexto marido buscando concretar una realización personal se encontró a un Mesías que le dio vuelta a su manera de pensar! La pregunta obligada es ¿Cómo evitar que la falsa ilusión de nuestro universo mental nos impida conocer a Jesús? Si no tenemos una guía espiritual que nos ayude a entender los laberintos de nuestra realidad mental seriamos dignos de conmiseración. No podemos apropiarnos de la creencia falsa de que Dios moverá las cosas a nuestro favor con solo declararlo en el nombre de Jesús. Lo que si les digo con certeza es que el Cristiano(a) es uno que se niega a si mismo, que se rinde a Cristo y anhela que se haga la voluntad soberana de Dios. Pablo, estaba enfocado únicamente en alcanzar a Cristo, todo lo de mas lo tenía por basura (Filipenses 3:8). Nuestra realidad mental está condenada a sufrir un huracán de adversidades algo así como aquel que edifica su casa sobre la arena. Dios va a cumplir su propósito en nosotros por medio de Cristo Jesús y tarde o temprano vamos a aprender que sus caminos no son nuestros caminos, porque Dios en su voluntad soberana nos enseña con una realidad contraria, la paradoja del evangelio.
Gracias por este articulo.