Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

Cuando a Jesús lo estaban crucificando, en sus últimas palabras antes de morir dijo, “¿Dios mío, Dios mío, porque me has desamparado?” (Marcos 15:34; Mateo 27:46). La expresión es una pregunta que causa intriga a cualquier lector. ¿Sera que realmente Dios abandono por completo a su Hijo en el momento más doloroso de su vida? O, ¿Es este grito el clamor de un ser humano que sufre y que se siente impotente ante una muerte dolorosa, injusta y brutal?

 

Muchas interpretaciones de estas palabras de Jesús han sido propuestas a lo largo de la historia del Cristianismo. Lamentablemente, algunas interpretaciones tienden a desvirtuar las palabras de Jesús y transforman la imagen de Dios en un Dios insensible, castigador, y cuyo único interés es buscar como saciar su ira. Yo objeto en contra de esa forma de ver a Dios. El Dios que nos revelo Jesús en la historia es un Dios infinitamente amoroso, misericordioso, omnipresente, restaurador, y de esperanza.

 

¿Un Dios airado?

Algunos teólogos afirman que Jesús fue realmente abandonado por su padre, que el llevo nuestro pecado y cargo nuestro juicio. El juicio es la ira de Dios sobre nosotros—los pecadores—la cual la descargo cuando Jesús es crucificado. El clamor de Jesús en la cruz se dio porque había un real abandono. Ser abandonado por Dios tiene una correspondencia directa con el clamor de un condenado, y Jesús fue condenado por nosotros.[1]

 

Básicamente, esta forma de interpretar impone un castigo divino sobre el Hijo de Dios. Lo castiga para no castigar a los pecadores y lo abandona por nosotros. ¿Cuál es la motivación divina? ¡La ira de Dios! Este tipo de interpretación—la cual no es bíblicamente consistente ni coherente—da a entender que el peor enemigo del hombre no es el pecado sino un Dios extremadamente enojado. Si algo tenemos que reconocer es que la idea de castigo divino sobre el Hijo de Dios es ajena a lo escrito en la biblia. ¡La biblia nos habla de sacrificio, y sacrificio no es definición de castigo! Los judíos nunca pensaron que los animales que sacrificaban para expiación de pecados estaban siendo castigados. Abraham nunca pensó que el sacrificio de Isaac, cuando Dios lo puso a prueba, era un castigo contra su hijo. De la misma forma el Hijo de Dios no se hizo carne para ser castigado por su Padre sino para mostrarnos al Padre (Juan 10:38). Su venida fue un sacrificio de amor de parte de un Dios amoroso (Filipenses 2:6-10). “Porque de tal manera amó Dios al mundo…” (Juan 3:16).

 

“Porque me has abandonado” es una alusión al Salmo 22:1.

“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor? (Salmo 2:1)

 

Cuando Jesús clamo en la cruz, el no solo estaba repitiendo las palabras del Salmo 22:1, sino que también se estaba apropiando del contexto en el cual el Salmista recito estas palabras. La pregunta de Jesús en la cruz es una expresión del sufrimiento de un justo y se debe interpretar primeramente a la luz del Salmo 22. “En el Salmo 22 vemos claro que el justo sufrido esta en una verdadera agonía y aflicción y que su estado miserable no es aliviado al mero instante de llamar a Dios. El experimenta un periodo de sufrimiento y su vindicación/restitución que viene al final del tormento no niega el sufrimiento que lo precede… Igualmente, no es la intención del evangelio de Marcos suavizar los sufrimientos de Jesús cuando es crucificado.”[2]

 

Salmo 22:24-28 nos revela que Dios no abandona al Justo Sufrido.

“Porque no menospreció ni abominó la aflicción del afligido, Ni de él escondió su rostro; Sino que cuando clamó a él, le oyó…

27 Se acordarán, y se volverán a Jehová todos los confines de la tierra, Y todas las familias de las naciones adorarán delante de ti. 28 Porque de Jehová es el reino, Y él regirá las naciones.”

 

Estos versículos del Salmo 22 confirman que Dios no abandona al justo en su sufrimiento. El salmo dice que ¡Dios no menospreció ni abominó la aflicción del afligido! ¡Ni de el escondió su rostro! En la crucifixión de Jesús, Dios no contradice su palabra, más bien su presencia es evidente en la narrativa del evangelio de Marcos:

  1. “hubo tinieblas hasta la hora novena, y a la hora novena Jesús clamo…” (Marcos 15:33-34).
  2. Cuando Jesús expiro el velo del templo se rasgó en dos (Marcos 15:38),
  3. “Y el centurión que estaba frente a él viendo que después de clamar había expirado, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (Marcos 15:39).

La presencia de Dios es obvia cuando vemos que el sol sale a la hora novena antes de Jesús dar sus últimas palabras. Otra evidencia de la presencia de Dios es ver que el velo del templo se parte en dos al Jesús expirar. Además, ¿Puede un centurión identificar que Jesús es hijo de Dios al ser crucificado y Dios abandonarlo?

 

Marcos nos anticipó que Jesús seria vindicado.

Si de la narrativa del Salmo 22 aprendemos que el justo sufrido es vindicado,[3] Dr. Carey sugiere preguntarnos si en el evangelio de Marcos solamente vemos que Jesús experimentaría sufrimiento y muerte. Es decir, si alguien leyera el evangelio de Marcos, ¿se daría cuenta que Jesús seria vindicado más allá del sufrimiento y la muerte? Claro que si, Jesús dijo muchas veces que después de su sufrimiento y muerte el resucitaría el tercer día. No podemos dudar que Marcos hace gran énfasis en los sufrimientos de Jesús, pero de igual forma estos sufrimientos vienen acompañados de su vindicación a como leemos a continuación:

 “Y comenzó a enseñarles que le era necesario al Hijo del Hombre padecer mucho, y ser desechado por los ancianos, por los principales sacerdotes y por los escribas, y ser muerto, y resucitar después de tres días.”  Marcos 8:31; ver 9:31; 10:33-34[4]

 

El argumento de un Dios omnipresente.

Sabemos que Dios es omnipresente y omnipotente. Jesús dijo que ni un pájaro cae a tierra sin su consentimiento, y aún tiene contado los cabellos de nuestra cabeza (Mateo 10:29-30). Si Dios tiene cuidado por cada pajarillo que cae a tierra, ¿Cuánto más del sacrificio de Jesús en la cruz? Tan vital es para Dios este evento que 1000 años antes que ocurriera la crucifixión, Dios nos lo revelo por boca de su siervo David en el Salmo 22. Mil años antes de la crucifixión, Dios estaba presente—a través del Salmo 22—en cada detalle de los últimos momentos de este magno evento. El Salmo 22 describe en detalle el dolor que Jesús experimenta al ser crucificado. ¡El sentimiento de Dios es expresado en el Salmo 22! ¿Realmente podemos creer que Dios omnipresente estaba ausente cuando Cristo experimentaba la angustia del polvo de la muerte? Solo Dios pudo haber descrito todos los detalles del sacrificio de Jesús mil años antes. Por lo tanto, es indisputable que el Salmo 22 es el testimonio de Dios que estaba presente en la muerte de Cristo 1000 años antes de que ocurriera! Para Dios no hay tiempo ni límites, él ya había presenciado la crucifixión 1000 años antes.

 

Conclusión.

En la cruz, Jesús cita el primer versículo del salmo 22, como era costumbre en los judíos del primer siglo, y de esta forma se nos revela a todos nosotros como el Justo Sufrido y Vindicado del Salmo 22. Al igual que el salmista que sufrió en manos de sus enemigos y fue vindicado, así también la experiencia de Jesús es una de sufrimiento, muerte, y vindicación. El clamor del justo a Dios, tiene más bien que ver con la incapacidad del justo en manos de sus enemigos y el carácter de un Dios que no busca matar sino salvar a sus enemigos por medio del amor. Precisamente por eso es que el centurión que lo crucificaba dijo “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (Marcos 15:39). Y esto es lo maravilloso! Que un enemigo reconozca el amor de Dios en el sacrificio de Jesús en la cruz! Por eso el Justo Sufrido es vindicado! Es decir, él es sentado a la diestra del poder de Dios! (Marcos 14:62).[5]

 

¿Cuantos han muerto o cuantos hemos de morir en miseria, en dolor, en sufrimiento, ante manos del enemigo? ¿Cuántos se han sentido abandonados por Dios ante el sufrimiento de este mundo? ¿No es esa la realidad de este mundo? Por lo tanto, ¿No sería más saludable razonar que Dios en la crucifixión de Jesús se está identificando con el sufrimiento humano en vez de verlo airado y abandonando a su Hijo? En la crucifixión de Jesús, Dios nos enseña a no tener miedo, aunque en nuestros cuerpos padezcamos el martirio por causa de las aflicciones de este mundo, y aunque a los ojos de los incrédulos esto parezca que Dios nos ha abandonado, al final, Dios nos va a vindicar! “Si sufrimos, también reinaremos con El” (2 Timoteo 2:12; Apocalipsis 5:10). El sufrimiento no es el fin de nuestra historia.

[1] See John Piper in http://www.desiringgod.org/interviews/my-god-my-god-why-have-you-forsaken-me-didn-t-jesus-already-know Ernest Best, The Temptation and the Passion (2nd ed.; SNTSMS 2; Cambridge: Cambridge University Press, 1990) lxiv-lxviii; William Lane, Gospel, 572-73; as well John McArthur and Augustine.

[2] Holly J. Carey, Jesus’ Cry from the Cross (New York, NY: T&T Clark, 2009) p. 4-5

[3] “Vindicado” es una palabra poco común, y quiere decir restituido, rehabilitado.

[4] En estos pasajes Jesús predice tanto sus sufrimientos y muerte como su resurrección. De igual forma los vemos en Marcos 9:9-13 (La transfiguración); 12:10, 11 (Parábola de los labradores malvados); 14:25 (el pacto); 14:27, 28. La predicción de Jesús de su exaltación frente al Caifás Mc. 14:62. El rompimiento del velo Mc. 15:38 y la palabras del centurion, Mc 15:39.

[5] Ver también Marcos 16:6; Mateo 28:18; Filipenses 2:6-11; Colosenses 1:15-20.