Conozco una dama que tiene solvencia económica, una tremenda casa tal como lo pintan las novelas, empleadas domésticas, banquetes esplendidos, etc. Hace un tiempo atrás, esta joven adopto 3 perros callejeros. Antes de ser recogidos estos canes se encontraban visiblemente mal nutridos, enfermos, tuertos, y vulnerable a todo tipo de maltratos de la vida callejera. Pero ahora, estos perros viven como reyes, tienen un hogar amoroso, necesidades de alimentación plenamente satisfechas, se encuentran en un estado de felicidad envidiable; el caso es que estos perritos disfrutaran de una ¡Feliz Navidad 2016!. Quizás estos animalitos no sean “conscientes” del súper cambio de vida que les fue dado, pero la acción de esta dama es real, es un gesto de gracia, es noble y me conmovió. Una y otra vez esta historia ha estado revoloteando en mi mente como un adicional a tanta alegría que se respira en estos días navideños, y es que este relato se me parece tanto a lo que nuestro Padre Celestial hizo por la humanidad, es decir, en Cristo, nosotros hemos sido adoptados por Dios. Bueno pues, pronto a celebrar el nacimiento de Jesús; me pregunto: ¿Hasta qué punto somos conscientes del contenido de la frase feliz navidad?
Dejando el gasto en regalos y las comidas aparte, la navidad apunta al nacimiento de un niño, Jesús, que en realidad es Dios hecho carne. El apóstol Pablo lo describe así, “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos. (2 Corintios 8:9). Para Pablo, la natividad tiene que ver con el hecho que nosotros hemos sido enriquecidos por Dios. No obstante para muchas personas la comprensión de la navidad podría estar lejos del sentido divino, esto sería no estar consciente del nuevo súper cambio de vida que hemos recibido por medio del hijo de Dios encarnado.
La encarnación tiene que ver con la iniciativa del hijo de Dios de involucrarse personalmente en la experiencia de la humanidad atreves de un cuerpo físico y material. Así pues de esta manera, Cristo nuestro rey espiritual, se presentó en la tierra e interactuó con nosotros los mortales y experimento en todo el sentido de la palabra la tragedia de una humanidad caída. La exhortación de Pablo es propicia,
“5 Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, 6 el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, 7 sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; 8 y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte d, e cruz.” (Filipenses 2:5-8).
Cuando Jesús se encarna, él se despoja totalmente de su poder real y se pone a merced de los malvados, en una situación de vulnerabilidad. Aquí hay algo interesante que nos debería de hacer reflexionar y es precisamente en nuestra vulnerabilidad. Debemos poner atención en esta debilidad humana especialmente en nuestras emociones las cuales puede ser afectada por sentimientos negativos tales como el odio, los celos, las envidias, la ambición, la prepotencia, etc. Muchos de nosotros nos aferremos a esta clase de sentimientos, los guardamos como cual tesoro, y sin darnos cuenta estos mismos sentimientos que tanto valoramos nos quitan la paz y la felicidad. La expresión de nuestro Rey hecho carne debe de motivarnos más bien al nacimiento de un nuevo sentir; el de ser capaces de despojarnos de todas las cosas falsas que nosotros creemos que tienen valor y por otro lado abrazar con todas nuestras fuerzas las riquezas de Dios en Cristo Jesús. Debemos ser conscientes del súper cambio de vida que Dios nos da, de experimentar vivir como reyes, y de poder decir genuinamente: ¡Feliz Navidad!