La Vision de Dios para su Pueblo

Muchos creyentes tienen la convicción que cuando mueran se van al cielo, de donde el cielo es visto como el último destino después de la muerte. Pero por muy buena que sea la intensión de creer en una existencia celestial, este concepto debe ser examinado a un nivel más bíblico, maduro, y más enfocado a los propósitos de Dios para su creación. Para muchos, la esperanza de llegar al cielo es por la fe puesta en la muerte y resurrección de Cristo, por lo tanto, resurrección es vista como un sinónimo de irse al cielo. Sin embargo, bíblicamente resurrección no significa vivir a semejanza de un espíritu incorpóreo; mas bien si nos enfocamos en la resurrección del Señor esta consistió en una transformación de su cuerpo, los discípulos lo vieron, lo pudieron tocar, y también sabemos que Jesús comió con ellos. Creer que Jesús es la resurrección, significa creer que Dios va a ser con nosotros lo que el hiso con Jesús. Bien dijo Pablo, “porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucito” (1 Corintios 15:13). Pablo también explica que nuestra resurrección derrota nuestro último enemigo que es la muerte (1 Corintios 15:26, 54); si no fuera así, nuestra fe no tendría sentido y estaríamos en pecado (1 Corintios 15: 17).

Debemos preguntarnos, ¿Adónde vamos a vivir una vez que hemos resucitado con cuerpos tangibles? Es aquí donde la visión que Dios para su pueblo juega un rol vital. Dios ha prometido crear Nuevos cielos y Nueva tierra. En otras palabras, una nueva creación va a tomar lugar la cual es el resultado de una promesa que ha sido pronunciada por el profeta Isaías 700 años antes de Cristo (Isaías 65:17, 66:22), enseñada y modelada por Jesús, y revelada a los apóstoles en el Nuevo Testamento (1 Corintios 15, Romanos 8:19, 2 Pedro 3:1-14, Apocalipsis. 21:1-3). La comprensión de esta visión dada por Dios a su pueblo es la que debe impactar con mayor peso nuestra imaginación, conocimiento, sentimientos y comportamiento de una manera diferente a los que piensan que nuestro destino es escaparnos de esta tierra cuando morimos. Es claro entonces que vivir como espíritus incorpóreos en una esfera celestial no es el propósito que Dios tiene preparado para su pueblo.

Nuestra fe y nuestra esperanza deben estar proyectadas a la creación de los nuevos cielos y nueva tierra donde viviremos en un Reino en concreto, con una ciudad, una comunidad, una actividad, y con el Rey Jesús morando con nosotros. Esa es la vida futura que nos describe la palabra de Dios, similar a la que hoy tenemos pero sin pecado y sin sufrimiento. Esa forma de ver el futuro nos hace creyentes más útiles para la vida presente que para los que creen en escaparse de la tierra al cielo.  La salvación y vida eterna que Dios nos promete no está desconectada de nuestra existencia actual. La visión que Dios nos revelo nos proyecta al futuro con el propósito de que los creyentes podamos visualizar hacia dónde vamos, nos pone en dirección, en perspectiva correcta y describe nuestro destino. Un discípulo de Cristo que no sabe cuál es su destino o que es lo que Dios piensa hacer en su vida presente y futura, está en la cuerda floja; es como la hojarasca llevada por doquiera por cualquier viento de doctrina (Pablo, Efesios 4:14).

La visión dada por Dios de crear nuevos cielos y nueva tierra es una y es inmutable. Tal visión no pertenece a una religión, ni a una denominación; no tiene variación en el tiempo, y es imposible para las potestades de maldad influenciarlas mucho menos el ser humano. El futuro que Dios ha decidido para su pueblo es independiente de nuestras creencias personales y razonamientos humanos, aunque tengamos o no tengamos una correcta comprensión de su visión, nada va a alterar o cambiar lo que Dios se ha propuesto hacer para con su pueblo y su creación.

 

La transformación futura como un aspecto de la visión de Dios.

La creación de nuevos cielos y tierra nueva tiene que ver con un futuro evento de transformación cósmica de la presente creación. La creación de Dios nos revela de muchas formas su capacidad de transformar algo que el mismo creo. La metamorfosis, por ejemplo, es un poder transformador que existe en la naturaleza, consiste en la transformación que experimentan ciertos animales en su desarrollo biológico y que afecta no solo su forma, sino también sus funciones y su modo de vida. Por ejemplo, peces como el salmón se transforman para poder moverse del agua dulce al agua salada y luego de regreso al agua fresca, o la transformación que experimenta una oruga para llegar a ser mariposa. Un ejemplo bíblico de transformación es el agua que Jesús convirtió en vino (Juan 2:7-9). Del apóstol Pablo aprendemos que nuestros cuerpos serán transformados, He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados.” (1 Corintios 15:51). En todos estos casos la obra creativa de Dios parte de algo y lo cambia o transforma en otra cosa diferente. A este tipo transformación se refiere la Biblia cuando leemos que Dios va crear nuevos cielos y nueva tierra.

 

La resurrección y segunda venida de Cristo en la visión de Dios

Del apóstol Pedro aprendemos que cuando el Señor venga, los cielos y la tierra serán transformados a nuevos cielos y nueva tierra, es decir, una nueva creación tomara lugar.

 “10. Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas… 13. Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.” (2 Pedro 3:13)

Según Pedro, la esperanza de todo creyente debe ser enfocada en las promesas de Dios. Podemos notar que la creación de los nuevos cielos y nueva tierra siempre está dentro del contexto de la Segunda Venida de Cristo y la resurrección. Esto es claro en 2 de Pedro 3:1-13, en Apocalipsis 22:7, 12, 20, y de igual forma Pablo explica:

He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados,52 en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados. (1 Corintios 15:51-52)

 

El cielo y la tierra fueron diseñados para ser uno.

Hay un punto significante que no podemos obviar en estas revelaciones bíblicas y es la unión que se da en estas dos esferas de la creación:

Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.” Apocalipsis 21:1-3

Juan nos ilustra el escenario de una boda, vemos que la Nueva Jerusalén desciende como una esposa ataviada para su marido. La ilustración corresponde a la unión del cielo y la tierra así como el matrimonio que se da entre un hombre y una mujer; estos dos, aunque distintos, fueron creados para ser una sola carne, para coexistir en unidad. De igual forma el cielo y la tierra nunca fueron creados como dos existencias independiente sino para coexistir como una sola creación. Cuando Dios creo inicialmente los cielos y la tierra, las cosas creadas fueron complementarias—cielo y tierra, mar y tierra, hembra y macho—y el punto climático se da con la creación del varón y la mujer a imagen y semejanza de Dios, es decir, los seres humanos somos reflejo al mundo de quien es Dios.[1]

Dos cosas vienen en orden, primeramente, la futura unión del nuevo cielo y nueva tierra nos dicen que la intensión de Dios nunca fue crear al ser humano para comenzar su existencia en la tierra y terminar en el cielo. La resurrección de Cristo, nuestra futura resurrección, junto con la segunda venida de Cristo y la creación de nuevos cielos y nueva tierra nos dicen que nuestro destino final no es el cielo, sino vivir con cuerpos resucitados y con Cristo en los nuevos cielos y tierra nueva.

El segundo punto es reconocer que el concepto de tabernáculo es históricamente representativo de la presencia de Dios con su pueblo. Cuando Dios libero a Israel de mano de los Egipcios, Dios ordeno a Moisés edificar un tabernáculo para El morar con su pueblo (Éxodos 25:8-9). N.T. Wright comenta que la significancia del tabernáculo la encontramos en el prólogo del evangelio de Juan, “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habito entre nosotros” (Juan 1:14). La palabra Griega detrás del verbo habitar es “skenee” que traducido es “tabernáculo”, del Hebreo “mishkan” que significa “morada.” De donde Jesus es el tabernáculo de Dios, la morada de Dios con su pueblo.[2] Cuando Juan vio la unión matrimonial de los nuevos cielos y nueva tierra, el escuchó una gran vos que decía: “He aquí el tabernáculo de Dios, y El morara con ellos, y ellos serán su pueblo, y Dios mismos estará con ellos como su Dios” (Apocalipsis 21:3). Todo esto nos hace pensar que la unión del cielo y la tierra tienen como propósito la morada de Dios con su pueblo.

 

Conclusión.

El cielo y la tierra no fueron creados como polos opuestos o antagónicos, tampoco están en competencia. Si bien es cierto son diferentes, ambos están hechos el uno para el otro, como varón y mujer para vivir en unidad.[3] Con respecto a la primera creación, notemos en Génesis 1 que los cielos y la tierra fueron creados simultáneamente y repetidas veces podemos leer la frase, “Y vio Dios que era bueno… Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera.” (Génesis 1:31). N.T. Wright explica que la creación es una obra del amor de Dios en la cual lo creado afirma que Dios es bueno y a su vez Dios afirma que su creación es buena.[4]

Pensar que tenemos que creer en Cristo para escaparnos de la tierra, en el sentido de que nuestra existencia comienza en la tierra y termina en el cielo no es congruente con lo que Dios esta haciendo y hará en Jesus el Rey. En Cristo Jesus, Dios nos ha hecho reyes y sacerdotes y reinaremos con el sobre la tierra (Apocalipsis 5:10). Cualquier otra descripción de nuestro futuro o destino final es más del pensamiento humano que de Dios.

 

[1] Esta explicacion se la acreditamos a N.T. Wright Surprised by Hope (New York: Harper Collins, 2008) p. 104-105

[2] N.T. Wright How God Became King (New York: Harper Collins, 2012) p. 102

[3] N.T. Wright Surprised by Hope (New York: Harper Collins, 2008) p. 105

[4] Escuchado del Dr. Wright. en conferencia.

Una respuesta a “La Vision de Dios para su Pueblo

  1. Excelente. lo único que quisiera aprender mas, es sobre el concepto de ¨Visión¨ de Dios. Me parece que la aplicación de esa hermosa palabra es muy abstracta y ad divinis, porque Dios es omnisciente y es la Visión misma, por eso, la Creación es producto del Amor de Dios.

    La cita esta en Cor. 15:54

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