Reconsiderando la ira de Dios y sus implicaciones.

Introducción.

La idea de un dios airado se ha observado en la historia de la humanidad como un fenómeno que se manifiesta especialmente en el sistema religioso de los pueblos “paganos.” La ciencia nos ha proveído amplia evidencia que confirma prácticas religiosas ancestrales donde se sacrificaron miles de víctimas, incluyendo niños, con el propósito de aplacar la ira de los dioses. Hoy en día se sabe que tales sacrificios se realizaron en vano, ya que la sociedad moderna ha comprendido que el enojo de estos dioses no era más que una proyección de la perversión del pensamiento humano. Podríamos incluso afirmar que sacrificio y dios airado caminaron de la mano en la historia antigua.

 

Aunque en nuestros días los sacrificios ya no se practican, la idea de un dios airado continúa en la mente humana, y este paradigma es tan fuerte que impide ver con claridad la revelación de Dios en la muerte y resurrección del Mesías. El presente escrito es la primera parte de tres artículos en los cuales objeto contra una corriente de interpretación Cristiana, bastante popular, que mantiene la teoría que Dios Padre satisface su ira cuando Jesús es crucificado. Dicho en otras palabras, muchos creen que la crucifixión de Jesús es una manifestación de Dios airado.

 

Gran parte del problema se debe que en los últimos cien años, los teólogos han dado mucho énfasis a la crucifixión de Cristo y han pasado por alto que la llegada del Mesías fue el clímax y la culminación de la historia de Israel como pueblo elegido por Dios. La vida, muerte, y resurrección de Jesús son partes inseparables del perfil Mesiánico y estas a su vez no se pueden desconectar del rol que desempeñó Israel dentro de un plan divino y cuyo propósito principal era la redención de la humanidad. Es sorprendente que en nuestros tiempos muchos creyentes solo puedan comprender la crucifixión como un evento para aplacar la ira de Dios. Este marco de referencia erróneo es consecuencia de una mala metodología de interpretación de las cuales quisiera mencionar tres desaciertos: 1) Han creado paralelos entre el significado de los sacrificios paganos de la antigüedad con el significado de la  muerte expiatoria de Jesús, 2) No hay una correcta comprensión del significado de los sacrificios practicados por el pueblo Judío antes de Cristo,[1] y 3) Se han enfocado solamente en la crucifixión como definida virtualmente por unos cuantos versículos tales como 2 Corintios 5:21 y Romanos 3:21-26.

 

No es mi intensión solventar muchas preguntas con un escrito relativamente breve. Lo que pretendo con este primer escrito es aclarar como la ira de Dios funciona en la historia de la narrativa bíblica, y por ende porque no es posible ver  la muerte de Jesús como calmando un Dios airado.

 

La Ira de Dios.

Continuidad y Discontinuidad.

La ira de Dios es bíblica y tiene su rol en la historia de salvación, pero tenemos que verla en su correcta perspectiva bíblica. La historia de salvación es una sola historia con un principio y un fin, y esta misma historia comprende eventos que continúan y otros que se discontinúan. Por ejemplo, la llegada del Mesías es un evento culminante en el cual vemos el comienzo de una nueva creación en la historia de salvación. El pueblo de Dios experimenta un nuevo nacimiento, un nuevo pacto con Cristo, una nueva forma de relacionarse con Dios, etc. Antes del Mesías el sábado era día de reposo obligado, había leyes alimenticias, el pacto era diferente, y de igual forma la revelación de la ira de Dios se manifestó con su pueblo Israel de modo unicum (único). De esta forma en la historia de salvación el pasado difiere del presente en algunos aspectos (discontinuidad), y nuestro presente va a diferir de nuestro futuro. Sin embargo, estamos hablando una misma historia de salvación (continuidad).

 

¿Cómo se caracterizó la ira de Dios con Israel antes de Jesús?

En el estado inicial de la  historia de Israel observamos que Dios batallo con un pueblo ignorante, con inclinaciones idolatras (Éxodo 32), sin educación, sin escritura, y sin el Espíritu Santo en sus vidas! ¿Cómo podían comprender que Dios demandaba santidad porque él es Santo? ¿Cómo iban a comprender el llamado de ser luz a las naciones? ¿Cómo comprenderían que fueron escogidos para que el único Dios habitara en medio de ellos? Sin embargo, Dios escogió a Israel para que su santidad, la cual es incompatible con el pecado, morara en medio de ellos—en el tabernáculo, en el arca, y en el templo. Por esas razones expuestas y por la ingenuidad de la gente involucrada, podemos notar que en los primeros escritos bíblicos—3,400 años atrás—se usa un lenguaje antropomorfo (lenguaje de forma humana: Dios se arrepentía, se entristecía, se airaba, etc.) con el fin de que aquellos esclavos incivilizados y recién liberados pudieran comprender que tenían que abandonar sus viejas costumbres paganas.

 

Es pues dentro de este  contexto que Dios expreso su ira de una forma única, y la  revelación de esta ira se da dentro del marco de un pacto de mutuo acuerdo entre Jehová y su pueblo Israel. Este tipo de convenio no se hizo con ninguna otra nación, por lo que se concluye que es exclusiva para el pueblo de Israel. Pueblos antiguos tales como los sumerios, los babilonios, los asirios, los romanos, etc. nunca experimentaron a un “Jehová airado” que los exterminaría por las faltas cometidas ¿Acaso estos tenían un pacto con el único Dios? A este punto ya estamos entendiendo que la ira de Dios se reveló de una forma particular, en un momento histórico, con un determinado pueblo, basado en un pacto mutuo (Dios y su pueblo), y con un propósito específico. Tal relación exclusiva—entre Dios e Israel—quedó bien documentada en las sagradas escrituras y bien entendida por las partes pactantes. En base a lo dicho podemos concluir que no es correcto generalizar o definir la ira de Dios mediante hipótesis o interpretaciones aisladas de su contexto bíblico.

 

Es importante notar que aunque Israel en algunas situaciones provoco la ira de Jehová, Dios nunca acabo con los judíos, “No ejecutaré el ardor de mi ira, ni volveré para destruir a Efraín, porque Dios soy, y no hombre, el Santo en medio de ti; y no entraré en la ciudad. (Oseas 11:9). Dios expresaba su ira para que este pueblo se acercara a Él, pero nunca fue un medio de tortura contra su pueblo cuando este pecaba. La ira de Dios, a como la experimento Israel, tiene que ver más con el tema de exterminio como una serie de acciones para poner fin a la existencia del mal antes que una tortura. Esto es como cuando los doctores intentan sacar las células cancerígenas de un órgano infectado, cuando la infección es demasiado grande ya es imposible recuperar el órgano quedando solo la opción de extirparlo.[2]

 

Antes de dejar el contexto histórico de Israel y pasar a un nuevo contexto, quisiera mencionar un principio de la historia bíblica que nos enseñó el Señor Jesús y es que Dios, en su soberanía, cambia la manera de revelarse al hombre. Jesús se lo dijo a los judíos del primer siglo de esta manera: “Y nadie echa vino nuevo en odres viejos; de otra manera, el vino nuevo rompe los odres, y el vino se derrama, y los odres se pierden; pero el vino nuevo en odres nuevos se ha de echar” (Marcos 2:22).

 

La ira de Dios según el Apóstol Pablo.

Un concepto claro, vigente, y comprensible de la ira de Dios nos los da el apóstol Pablo, judío, fariseo, y conocedor de la historia de Israel mejor que cualquier otro erudito en la historia humana.

18 Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad;…. 24 Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones… a pasiones vergonzosas… a una mente reprobada” Romanos 1:18-32

 

Para Pablo, la ira de Dios no consiste en una intervención divina visible, sino más bien tiene que ver con la autodestrucción del ser humano como consecuencia de no tener en cuenta Dios.[3] Dios no necesita actuar en contra o airarse con una humanidad que voluntariamente busca su propia destrucción y sufrimiento! Al contrario, Dios busca liberarnos y redimirnos del pecado que nos destruye. Por lo cual, conforme a lo que aprendemos de Pablo, debemos de abandonar la idea que la ira de Dios es equivalente a una retribución divina o castigo divino. La ira de Dios es una respuesta activa al libre albedrio humano cuando este no toma en cuenta los caminos de Dios, y esa respuesta consiste en que Dios los entrega en sus propios razonamientos. Eso aplica a todos los tiempos de la existencia humana en general, desde el Génesis hasta que el Señor venga.

 

Si el apóstol Pablo esta en lo correcto, el sacrificio de Jesús en la cruz no se puede interpretar como una manifestación de un Dios airado! Imposible. Además, Dios no puede ser cómplice de un asesinato tramado en maldad por una clase sacerdotal corrupta que, a) Utilizó la debilidad humana de Judas el Iscariote, y b) Lo tramo en concubinato con un partido político-religioso y fanático llamado los fariseos, el cual Jesús mismo los llamó ¡generación de víboras! ¿Acaso la ira de Dios no se revelo más bien desde el cielo contra la impiedad e injusticia de aquellos que crucificaron a nuestro Señor? Pues el fin de estos señores fue su destrucción. La clase sacerdotal caducó con la destrucción del segundo templo en el año 70 de nuestra era. Judas se suicidó por su problema de conciencia, y los fariseos liderando revueltas judías contra Roma encontraron su fin a filo de espada.

 

La ira de Dios en el futuro.

¿Pero que del futuro? Pablo habla de una ira venidera en el día del juicio final (1 Tesalonicenses 1:10; Romanos 2:5, 5:9; Apocalipsis. 6:16-17, 11:18). Dios va poner fin al sufrimiento humano causado por el pecado, porque el fin último de toda la creación es que Dios será todo en todos. Lógicamente los que nunca quisieron tener en cuenta a Dios serán condenados a una segunda muerte. Concluir que Dios se descargó su ira en Jesús para que nosotros no suframos la ira venidera es una transacción ajena de la historia de salvación. El caso de ira venidera es el último recurso divino para poner fin al mal! Como leemos en Apocalipsis, “y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas pasaron.” (Apocalipsis 21:4).

 

Conclusión.

Cada generación hereda doctrinas de sus antecesores y muchos nunca cuestionan la veracidad de tales creencias. A través de la historia de la iglesia el conocimiento bíblico ha madurado significantemente y nuestra generación gusta de una teología mucho más robusta que la de décadas anteriores. Viene al caso que afirmar que Jesús murió para aplacar la ira de Dios no es más un paradigma teológico que hemos heredado en las cuales no hay ni un texto bíblico o confirmación histórica que literalmente afirme tal cosa. La narrativa de los evangelios testifica que tanto Juan el Bautista como Jesús llamaron a los judíos a arrepentirse[4] y seguir a Jesús para escapar de la ira venidera. Esto es porque al pueblo judío se les avecinaba un exterminio de parte de Roma y efectivamente fueron aniquilados. Jesús nunca dijo que él iba a sufrir la ira de Dios por el pueblo judío, sino más bien les dijo que él era la resurrección y la vida. Por otro lado, la historia testifica que la muerte de Jesús por crucifixión fue igualmente reproducida en miles de sus seguidores que se unieron a su causa. Hemos de preguntarnos, ¿Y eso también es ira? Supuestamente nosotros los creyentes somos el cuerpo de Cristo. La verdad es que muchos Cristianos en los primeros siglos de la iglesia fueron brutalmente asesinados por los poderes y principados de maldad al igual que lo fue Jesús (Colosenses 2:15).

 

[1] El tema de mi próximo artículo es sobre el concepto de sacrificio.

[2] Ver también la parábola del Trigo y la Cizaña en Mateo 13:24-30

[3] James Dunn. Romans p. 566

[4] Abandonar su sistema religioso-político el cual es pecaminoso.

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